Humanización · Cultura

Humanizándonos a través del juego

El juego no es lo opuesto al trabajo serio. Es la forma más honesta que tenemos de ser nosotros mismos. Y cuando somos más nosotros mismos en el trabajo, no solo somos más felices — somos más efectivos, más creativos y más capaces de construir lo que realmente importa.

JM
Juan Manuel Rivera
Mayo 2025
8 min de lectura

Hay una escena que se repite en muchos de los talleres que facilito. Dos horas antes, cuando las personas entran a la sala, tienen la postura de quien va a una reunión importante: espalda recta, teléfono en mano por las dudas, cara de disponibilidad profesional. El gerente entra último, como siempre. La jefa de ventas ya revisó dos veces su correo.

Dos horas después — cuando hemos jugado, cuando el cuerpo se ha movido, cuando alguien ha cometido un error glorioso y todos nos hemos reído incluyendo él — algo ha cambiado. No dramáticamente. Pero la sala se siente diferente. Las personas se miran diferente. Están siendo ellos mismos de una manera que rara vez se permiten en el trabajo.

Eso es la humanización a través del juego. Y no es magia. Es algo mucho más interesante que la magia.

El personaje que construimos para trabajar

Desde muy temprano, aprendemos que el trabajo requiere una versión específica de nosotros. Una versión que es competente, que no muestra dudas, que sabe hablar de manera apropiada según el nivel jerárquico de quien tiene enfrente. Una versión que administra cuidadosamente lo que muestra y lo que oculta.

No digo que eso sea completamente malo. Parte de esa adaptación es simplemente madurez profesional. Pero hay un punto en el que el personaje empieza a ser más costoso que útil. Cuando la energía que se invierte en mantenerlo supera la energía disponible para hacer el trabajo de verdad. Cuando las personas están tan ocupadas siendo el personaje correcto que ya no pueden ser genuinamente creativos, genuinamente presentes, o genuinamente conectados con quienes trabajan.

"A veces el trabajo no cansa. Cansa el personaje."

Este agotamiento no aparece en las encuestas de clima laboral. No tiene un nombre claro. Pero se siente en los equipos donde nadie dice lo que realmente piensa en las reuniones, donde los conflictos se resuelven en los pasillos y no en las mesas, donde la innovación se habla pero no ocurre. Son equipos de personajes, no de personas.

El juego como permiso para ser humano

El juego tiene una propiedad que muy pocas herramientas tienen: crea un espacio donde las reglas normales se suspenden temporalmente. En el juego, el gerente puede equivocarse sin que eso dañe su autoridad. El analista puede proponer algo absurdo sin que eso afecte su credibilidad. La persona introvertida puede liderar un equipo durante cinco minutos sin que eso sea una carga.

Esa suspensión temporal no es evasión de la realidad. Es un laboratorio. Un espacio donde las personas pueden probar versiones de sí mismas que en el entorno formal nunca se atreverían a mostrar.

Lo que veo en la práctica

En cada proceso que facilito, hay un momento que reconozco siempre: el momento en que el director de operaciones se ríe de verdad — no la risa educada de las reuniones — y el equipo lo ve como un ser humano en lugar de como un cargo. Ese momento cambia algo en la dinámica del equipo que ninguna capacitación sobre liderazgo cercano logra cambiar.

Por qué la humanización importa para los resultados

Podría sonar como que estoy hablando de bienestar. Y sí, el bienestar importa. Pero voy más allá: la humanización no es solo un fin en sí mismo. Es un prerrequisito para muchas de las cosas que las organizaciones buscan explícitamente.

Una cultura que juega es una cultura que confía

Hay una correlación que observo constantemente: los equipos con mayor capacidad de jugar juntos — de manera genuina, no forzada — son también los equipos con mayor nivel de confianza entre sus miembros. No es una coincidencia.

El juego requiere confianza para ocurrir. Y al mismo tiempo, el juego produce confianza. Es un ciclo virtuoso. Cuando dos personas juegan juntas, se ven en un estado en que las defensas no están presentes, y eso crea un tipo de conocimiento mutuo que las reuniones formales no generan en meses.

Construir una cultura donde el juego tiene espacio no significa hacer actividades de team building una vez al año. Significa diseñar formas de trabajo donde la presencia, la autenticidad y el error sean bienvenidos cotidianamente. Donde la seriedad del propósito coexista con la ligereza de los medios.

El clown como metáfora y como método

Una de las razones por las que uso el lenguaje clown en mi trabajo con equipos es precisamente esto: el clown es la figura que no puede fingir. El clown no puede mantener el personaje cuando se equivoca — el personaje colapsa y aparece la persona. Y lo que aparece, invariablemente, es algo más interesante y más real que el personaje que había antes.

No uso el clown para hacer comedia. Lo uso porque es la herramienta más honesta que conozco para trabajar la autenticidad. Cuando las personas descubren que pueden ser vistas en un momento de vulnerabilidad y no les pasa nada malo — de hecho, les pasa algo bueno — algo fundamental cambia en cómo se relacionan con el trabajo y con los demás.

Eso es humanizarse. No a través de un discurso sobre valores. No a través de un módulo sobre empatía. Sino a través de la experiencia directa de ser uno mismo frente a otros y descubrir que eso es suficiente.

"El juego no nos aleja de lo esencial. Nos devuelve a ello."

Las organizaciones que entiendan esto — que la humanidad de su gente no es un obstáculo para la productividad sino su fuente más profunda — van a tener una ventaja que ningún software, ningún proceso y ninguna metodología de gestión puede replicar. La ventaja de ser genuinamente humanas.

JM
Juan Manuel Rivera

Facilitador de Cultura Organizacional y Desarrollo Humano. Diseño experiencias de aprendizaje experiencial a través del juego, el humor y la metodología clown para equipos y líderes en América Latina.

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